miércoles, 8 de julio de 2009

Nota mental: hay que simplificar

miércoles, 17 de junio de 2009

Todd Anderson

Quizá lo más maravilloso de la literatura es encontrar a alguien como Todd Anderson. En los tiempos que corren no parece que nadie vaya a salir en defensa de la verdad, y menos si le perjudica directamente. El hombre ha crecido, ha evolucionado tecnológicamente en todas esas facetas de la vida con las que siempre soñaron las películas; pero se borró la nobleza. Cuando pronunciamos la palabra nobleza vienen hasta nosotros imágenes de películas de western o novelas de las hermanas Bronte. Hoy mismo pensaba en lo tremendamente rica que es nuestra lengua y que, por ello, podríamos usar cualquier otro término para hablar de nobleza.
Tood Anderson es un personaje llevado al límite desde su personalidad hasta la frontera de las circunstancias. Innegablemente tímido, tímido hasta la invisibilidad este adolescente olvidado por sus padres es la representación del hombre que se ha perdido entre la selva de la modernidad. El Club de los Poetas Muertos es sólo una institución ficticia que Kleinbaum creó para el deleite de los corazones dados al arte; para muchos otros es la representación de la verdadera búsqueda del camino individual. Como en la mayor parte de las novelas cuyos personajes nos encojen el alma, los personajes son reflejo de personalidades extremas, y en cualquier caso, siempre funicona. Nos apasiona una Amelie porque raya en la magia, nos sobrecoge un Dorian Gray porque su excelsidad es prácticamente deística... pero lamentablemente ninguno de ellos pasó la espesura de la selva y se quedaron en pura ficción.
La nobleza ha muerto, diría algún joven con la pedantería por bandera. Sencillamente la arrogancia y la individualidad acabaron con ella y, ya solo parecen quedar casos aislado o personajes literarios que llevarán la nobleza consigo por el resto de los siglos.
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"Miró a Todd a los ojos, y luego a todos los Poetas Muertos. Despúes de hacer un último gesto con la cabeza abandonó el aula, y el colegio Welton, dejando a los chicos en pie sobre sus pupitres, dueños de sí mismos y de sus destinos".
N.H. Kleinbaum, El Club de los Poetas Muertos
Aldonza Lorenzo

viernes, 15 de mayo de 2009

Brumas del Norte




Hay veces que las cosas se nos quedan grandes aunque las hayamos encagado a medida. Hay veces que los caminos se quedan estrechos cuando queremos carreteras anchas en las que poder correr. Hay veces que la velocidad se antoja lenta, quisiéramos correr pero las piernas son demasiado cortas y la figura demasiado rechoncha como para cortar el viento. Hay veces que las
cosas no son como esperamos, que desesperan y aseveran que nada nunca es como esperas. Hay veces que sale el sol cuando pretendes mirar por la ventana y ver las gotas caer sobre la barandilla y no pensar en nada. Hay veces que los pájaros cantan demasiado alto y nuestros pensamientos son demasiado silenciosos para imponer su voz. Hay veces, quizá demasiadas, que alzamos la voz y no precisamente para ampliar carreteras, callar pájaros o provocar un diluvio en día veraniego. Lo hacemos porque tenemos mucho que decir pero nunca del tema acertado. Hay veces que el suelo está demasiado cerca de los pies y el cielo muy lejos, lejos de nuestras yemas.Hay veces sin peces de colores sobre los que dejar caer la mirada, perdida. Hay veces que las obligaciones son tantas que todos los aeropuertos son perfectos para coger un buen vuelo hacia el lugar de nuestros sueños. Hay veces... más bien momentos perfectos en pupilas perfectas para que todas las veces se conviertan en eternidades.
Aldonza Lorenzo

domingo, 24 de agosto de 2008



Tiene una leve cojera. Alguien dijo que se debía a un accidente en su juventud, que se sometió a diversas operaciones, que siempre había cojeado, que era una enfermedad degenerativa, que era un tic, que fingió cojear cuando quiso ser actor y se presentó a una audición en la que su personaje era cojo, que su pierna es de plástico, que trabajó alimentando tiburones en un zoo y uno le mordió la pierna, que un día se levantó cojo y así se quedó para siempre, que quiso ser atleta para correr los cien metros vallas y se le enganchó la pierna en una, que le mordió un perro, un león, una hiena hambrienta, que cuando era hombre de hojalata el Mago de Oz decidió convertirle en humano pero se olvidó de hacer su pierna de carne y hueso, la dejó de hojalata y acabó oxidándosele, que subió a lo alto de la torre de un castillo para salvar a la princesa pero la escalera se cayó, que quiso ser jugador de fútbol y le rompieron la rótula, que quiso ser un dandi como Valle-Inclán y se autolesionó la pierna para poder inventarse una historia fantástica que contar cuando le preguntasen, que quiso ser especialista de cine y fracasó, que su cojera era falsa.

Tiene una leve cojera pero nadie sabe a ciencia cierta cuál es el motivo. “A la gente le gusta inventar historias, sobre todo si hablan mal de otros; mejor. Él conocía alguna de las leyendas que contaban los vecinos. Se reía de su ignorancia para sus adentros pero nunca les contaba la verdad”. Al menos eso es lo que le gustaba pensar a ella. La única que sabía el motivo de su cojera a pesar de que él jamás le había contado nada. De hecho, no se conocían. Aunque ella pensase lo contrario.

jueves, 19 de junio de 2008

De Vuelta...

Y conpekasyaloloko.blogspot.com resucita. Al menos momentáneamente y movido por el inconmensurable empuje de la lectura de un libro. Sí, de un libro. Un libro grandioso.




“Siempre he sospechado que la amistad está sobrevalorada. Como los estudios universitarios, la muerte o las pollas largas…”.



Así de sentenciosas son las primeras líneas del libro para pasar a relatar de este modo:


“… Los seres humanos elevamos ciertos tópicos a las alturas para esquivar la poca importancia de nuestras vidas. De ahí que la amistad parezca representada por pactos de sangre, lealtades eternas e incluso mitificada como una variante del amor más profunda que el vulgar afecto de las parejas. No debe ser tan sólido el vínculo cuando la lista de amigos perdidos es siempre mayor que la de amigos conservados. El padre de Blas solía decirnos que la confianza en los otros era un rasgo del débil, pero claro, cualquier asomo a la humanidad era para él poco menos que una mariconada. Coronel en la reserva de consentida inclinación nazi, no concedíamos demasiado valor a sus opiniones. En el fondo sonaba más sabio lo que un tirado en una taberna nos gritó un día: “Yo a mis amigos no les cuento mis penas; que los divierta su puta madre”. La amistad siempre me ha parecido una cerilla que es mejor soplar antes de que te queme los dedos y, sin embargo, aquel verano no habría podido concebir los días sin Blas, sin Claudio, sin Raúl. Mis amigos”.









‘Cuatro Amigos’ es el segundo libro de David Trueba, segundo que cae en mis manos aunque no en orden de creación. Sin pretensiones de hacer una crítica literaria, este fragmento sólo pretende recomendar su lectura y ser un esbozo del cúmulo de sensaciones. Cinco amigos cuales cinco días que han transcurrido desde la lectura de la primera línea. Sencillamente una historia que consigue meter las pestañas, la vista, el pensamiento y la propia mente del lector en el viaje de cuatro amigos en el que se perfila el mejor verano de sus vidas. Lejos de ser una historia adolescente, Trueba consigue contar una historia absurda en cantidad de sus vertientes y hacerla sentir real, creíble y veraz, un viaje a lo más íntimo de sus personajes y del propio lector.



“De vuelta a casa, con la feliz compra, Claudio y yo jugábamos a bautizar nuestra aventura: la gran ruta cochina, viaje al centro de las piernas, la vuelta al culo en ochenta días, veinte mil leguas de viaje subnormal…”


La mejor aportación de la historia es la proximidad de los personajes, descripciones sutiles y certeras que dejan vislumbrar en dos pinceladas el perfil de estos, todos ellos perfectamente definidos y diferenciados sin necesidad de párrafos enteros que hablen sin hablar por el mero placer de la descripción: ”El padre de Blas nos recibió en calzoncillos y camiseta, su indumentaria habitual en agosto, de un blanco salteado de lamparones. Se encontraba en plena sesión de gimnasia, por lo que la madre había apartado los miles de objetos de cerámica apiñados en el salón para que su marido al hacer la bicicleta o ejecutar el molinillo con los brazos extendidos le rompiera el mínimo de cosas posible”.



El diálogo, de la misma manera, es un arma exacta y certera que ayuda a definir y centrar personajes y sensaciones: “Desde la muerte de Klaus echo de menos la compañía de un perro. Entre nosotros, para mí era mucho más de la familia que mi mujer o Blasón”.



Pero dejando a un margen las descripciones en exceso críticas, ‘Cuatro Amigos’ permite hacer un recorrido por las vidas de personajes, que terminan perfilándose en, prácticamente, personas que trasladan sus miedos, sus inquietudes y sus excesos en discursos que se antojan cercanos y totalmente comprensibles. Desde las ansias de ‘libertad’ que ofrece la vida de soltero entre amigos, la renuncia a vivir la vida de una manera no deseada aunque se viva de modo no deseado y sin rumbo fijo, el sexo, el alcohol, las responsabilidades, el abandono de la juventud tomando un rumbo desconocido, el amor. Ingredientes exactos en una historia inexacta con personajes inexactos en sus decisiones, que dejan sobre el papel el hombre en su propia complejidad.



Tal vez este sea uno de esos libros que dicen que hay que leer en un momento determinado de la vida. Nunca supe qué querían decir con ello. Sin más razones, sólo con pretensión de lanzar al mundo las historias que Trueba regala y me encanta recoger, ‘Cuatro Amigos’, uno de los únicos libros que me ha hecho tener la lágrima al borde del ojo en su último capítulo prácticamente al completo. Por si alguien duda de la maravilla de leer un libro.









Aldonza Lorenzo










Pd: -¿Escribir?

- Una novela. Son pequeños fragmentos, recuerdos, diminutas historias. algo así cpomo esas ideas que te asltan de pornto y lasa apuntas en una servilleta.- A nadei se lo había confesado hasta entonces.

- Suena bonito- Supe que mentía.



('Cuatro Amigos', David Trueba)

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Fotos de nuevo




Todavía sin crónicas ni literatura renovada, unas fotos olvidadas en una cámara de fotografías sin bateria... A 350 kilómetros pueden escucharse todavía las voces, las risas y
el olor de la gente a la que se añora.


Fotos de la cenita...





Lado derecho: Javi, Rubén, Cisco, Amparo




Lado izquierdo: cámara de Lore, Lore, Elena, Paco, Laura




Amparo y su hamburguesa





¿Y bien, Javi?





Trío





¿Trío 2?





Lore, Isa, Laura





Segunda ronda de chupitos (Camarero: "Todavía no os he oído cantar 'Cumpleaños Feliz'")


Gracias...

Aldonza Lorenzo, de nuevo

jueves, 4 de octubre de 2007

Éxtasis

¿Qué se siente cuando descubres que puedes haber elegido el camino correcto? Creo que una ligera punzada en el alma que lleva a arquear los labios en una curva perfecta a la que podríamos llamar sonrisa pero a la que hoy llamaría satisfacción...

Hoy, Cortázar, por muchas razones o sencillamente porque me siento extasiada...

Porque he redescubierto la literatura, porque me he redescubierto a mí misma...


El diario a diario

Un señor toma el tranvía después de comprar el diario y ponérselo debajo del brazo. Media hora más tare desciende con el mismo diario bajo el mismo brazo.
Pero no es el mismo diario, ahora es un montón de hojas impresas que el señor abandona en un banco de plaza.


Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diario, hasta que un muchacho lo ve, lo lee, y lo deja convertido en un montón de hojas impresas.

Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diario, hasta que una anciana lo encuentra, lo lee, y lo deja convertido en un montón de hojas impresas.
Luego lo lleva a su casa y en el camino lo usa para empaquetar medio kilo de acelgas, que es para lo que sirven los diarios después de estas excitantes metamorfosis.


Para la reflexión: 'La literatura es estética e historia'


Aldonza Lorenzo

Pd: www.fotolog.com/yoriq